Academia de Guitarrería®
Acústica, Diseño y Construcción de Guitarras

| Academia | Cursos | Inscripción | Método | Libros | Autoevaluación | Profesores | Pregúntanos |
"Si crees que la formación es cara, prueba la ignorancia" - Proverbio inglés

AG

   
 

Academia

 

Cursos

 

Método

 

Libros

 

Autoevaluación

 

Profesores

 

Inscripción
 
Pregúntanos
 
 

El sistema gremial

Hasta bien entrado el s. XVIII, la construcción de instrumentos musicales estaba amparada por un marco gremial que proporcionaba a sus miembros un medio inmejorable para adquirir, gracias a su férreo sistema de aprendizaje, un conjunto de conocimientos técnicos sólidamente cimentado en el saber empírico y en la pura práctica del taller. Fruto de esa sabiduría, transmitida de generación en generación, son la calidad constructiva y la rica y variada decoración que todavía hoy podemos admirar en los instrumentos antiguos.

Los gremios tenían la función de inspección y reglamentación del trabajo y del aprendizaje. Una reglamentación que perseguía el control del intrusismo, el exceso de oferta y la competencia mediante la imposición de inspecciones y exámenes, regulación de los precios, reparto de materias primas, etc. Ofrecían una plataforma de aprendizaje que servía de filtro para aquellos que desearan unirse al gremio y, por tanto, a la profesión.

Estructura

En cada taller, la estructura laboral era muy sencilla: se dividía jerárquicamente en tres niveles: maestro, oficiales y aprendices.

La autoridad era el maestro. Para poder ser maestro había que ser oficial titulado y aprobar ante un tribunal un exigente examen. Las ordenanzas regulaban la forma y el contenido de las pruebas, el lugar donde debían realizarse y la composición del jurado. El aspirante debía responder en el examen a una serie de preguntas para demostrar sus conocimientos teóricos y realizar uno o varios ejercicios prácticos que consistían en la ejecución de piezas realmente difíciles llamadas “obras maestras”. Sólo quien aprobaba adquiría el derecho de abrir un taller propio, ser propietario de las herramientas, recibir encargos de trabajo y establecer su sistema de comercialización. La condición de maestro no era académica puesto que no se adquiría por el mero hecho de aprobar los exámenes (auqnque esto era condición necesaria), sino que se trataba de una categoría laboral que se adquiría en el momento de abrir el taller y conseguir empleados y aprendices.

Los oficiales eran artesanos que trabajaban para el maestro por un salario. Para lograr el título de oficial era necesario superar el periodo de aprendizaje y después un examen que les capacitaba para ejercer, como asalariados, la especialidad de la que se hubieran examinado. Eran oficiales quienes habiendo superado todas las pruebas académicas no abrían taller propio y trabajaban para otros.

Los aprendices eran jóvenes que entraban a trabajar con un maestro a la edad de 12 o 14 años, durante un periodo de unos 6 años. Esto se hacía tras la firma del ‘contrato de aprendizaje’ por el que el padre o tutor pagaba mensualmente a cambio de la enseñanza. El maestro se obligaba a hospedar al aprendiz en su casa, a darle manutención, vestido, alojamiento y a cuidar por su salud. El aprendiz, a su vez, se obligaba a acudir al taller todos los días, obedecer y servir fielmente al maestro y a realizar los encargos que éste le hiciere. Entre las obligaciones se encontraban labores consideradas de criados: limpiar, hacer recados..., pero los contratos de aprendizaje trataban de evitar su abuso.

La enseñanza empezaba siempre por las operaciones más elementales: disponer los materiales, preparar colas, moler pigmentos, afilar herramientas, desbastar maderas... El orden en que se enseñaban las tareas, el momento en que se introducía al aprendiz en cada una de ellas y el tiempo durante el que debía practicarse, estaba regulado por las ordenanzas gremiales. Pasados los años, el maestro podía presentar a los aprendices preparados, al examen que los acreditaba como oficiales.

Cada gremio controlaba distintas especialidades o maestrías. Por ejemplo, el gremio de carpinteros, cuya vinculación con el mundo de la construcción lo convertía, junto con el de albañiles, en uno de las más fuertes, englobaba diferentes actividades relacionadas con el trabajo de la madera, e incluso a pintores decoradores de cofres, cajas, banderas o escudos. Solían integrar a ensambladores, escultores y entalladores (encargados de realizar retablos, sillerías de coro...), a carpinteros de lo blanco (armaduras, artesonados), a carpinteros de lo prieto (carreteros, carpintería de la construcción), a violeros (instrumentos musicales), a geométricos (ingeniería civil) y a menestrales de obra llana. Cada especialidad o maestría se alcanzaba por medio de un examen de capacitación independiente y eran habituales los litigios en los que los miembros de una especialidad acusaban a otros de intrusismo o injerencia. Con el tiempo y por el interés de los miembros de estas especialidades en controlar en exclusiva algunos mercados, algunos de estos gremios empiezan a dividirse en otros menos amplios, que delimitan perfectamente las atribuciones de cada profesional y los títulos requeridos para ejercer cada oficio.

Por el carácter municipal de las ordenanzas gremiales, no se permitía el ejercicio a maestros de otras ciudades, aunque tuvieran su título correspondiente. Muchos debieron pasar examen al cambiar de ciudad, incluso en la vejez, a pesar de ser profesionales consagrados en sus lugares de origen.

Decadencia y desaparición

Las rígidas normas gremiales que asignaban, en función de los exámenes superados, la exclusividad de las competencias profesionales y comerciales, impedían la iniciativa personal. Con la llegada de las primeras máquinas, muchos trabajos se simplifican y empieza a ser normal que unos artesanos realicen tareas que hasta entonces les habían estado vetadas. Así, en el siglo XVIII empiezan a desaparecer las delimitaciones tan rigurosas impuestas por los gremios y comienza la decadencia  de éstos.

Influyó mucho en la decadencia de los gremios, la consideración de los trabajos que controlaban como oficios mecánicos o menestrales, esto es, realizados con las manos y orientados a la compraventa. Esto los gravaba con un impuesto especial (del que los profesionales querían librarse), así como obligaba a sus miembros a acudir a las reclutas para el servicio militar (no podían tener los privilegios de la nobleza aquellos que se ganaban la vida con un trabajo menestral). Esto hizo que muchos profesionales reclamasen un carácter más intelectual y artístico de su trabajo, cercano al resto de las artes liberales.

Tuvo gran importancia el cambio que se produjo en el modelo de aprendizaje. La fórmula secular, que se basaba en la relación directa y exclusiva entre maestro y discípulo, ya no servía. En el Renacimiento se había iniciado la conciencia de que la formación de los artesanos y artistas necesita de un cuerpo de disciplinas teóricas, basadas en el conocimiento científico –la aritmética, la geometría, la perspectiva, etc.– que no proporcionaba el aprendizaje de taller, centrado en la trasmisión de su saber empírico. Y en el siglo XVII surgen diversas iniciativas de Academias públicas y privadas en las que se promueve un sistema organizado de enseñanza y formación donde se proporcionan los conocimientos teóricos y prácticos acordes con las nuevas necesidades.

Hasta mediados del siglo XVIII, las actividades artesanales y manuales aún se seguían considerando categorías profesionales inferiores respecto a las Artes Liberales y las Bellas Artes. Su condición se subrayaba para remarcar los límites de competencia de cada oficio. Pero las sentencias del siglo XVIII considerarán liberales a todas las especialidades sin distinción. El cambio de mentalidad que se introduce con la Ilustración hace que moralistas y filósofos empiecen a realzar ahora la nobleza y excelencia del trabajo manual; de lo útil frente a lo puramente intelectual. Estas ideas fueron ratificadas en una Real Cédula que declaraba honesto todo oficio; lo mecánico deja de identificarse con lo vil.

Otro cambio sustancial que se producirá a lo largo del siglo XVIII y que desembocará en la extinción definitiva de los gremios es la liberalización, a través de numerosas ordenanzas, del examen obligatorio para ejercer el trabajo. En este momento se inicia el gran salto hacia la creación independiente. Los trabajos pasan, de ser encargos meticulosamente contratados de antemano, en medidas, técnica, materiales, tiempo..., a ser obras realizadas cómo, dónde y cuándo el profesional quiere.

La desaparición de los gremios, con el aumento de la mayor consideración social de los menestrales y la aparición de la formación académica, acarreará el paulatino alejamiento de ese saber ancestral empírico, transmitido de maestro a aprendiz y de generación a generación, que aportaban al profesional un profundo conocimiento sobre los materiales y técnicas empleadas de su oficio, con un carácter muy local. La formación se vuelve más teórica, completa y universal. Se tarda menos en lograr un aprendizaje mayor. Desaparecen los 'secretos de oficio' y las diferencias entre las distintas 'escuelas' locales. Los títulos académicos son reconocidos en todo el territorio, lo que permite la movilidad de los trabajadores.

Las actuales asociaciones profesionales, como sindicatos, colegios profesionales, cámaras de comercio, cofradías, asociaciones obreras, etc., mantienen algunas de las atribuciones de los antiguos gremios (que fueron definitivamente abolidos en la primera mitad del s. XIX), pero han perdido, en favor de la libertad de industria y del libre mercado, su capacidad de regular y controlar la cantidad, calidad y precio de los productos. También han perdido, en favor de las instituciones educativas, el control sobre el número y calificación de profesionales.

Estructura profesional actual

La legislación laboral y académica actual no deja ninguna duda de que las competencias y las atribuciones profesionales, los derechos, deberes y obligaciones de los trabajadores y empleadores, las prácticas y métodos de provisión y comercialización, y las propias categorías laborales, ya poco tienen que ver con las que establecían las normas gremiales.

Sin embargo, en muchos oficios que no han sido regulados específicamente, todavía se oye hablar de los maestros, oficiales y aprendices, cuando son categorías profesionales ya desaparecidas. Y lo peor no es que subsistan los nombres, sino que no es difícil encontrar casos en los que, convenientemente maquilladas o no, persisten prácticas heredadas de la tradición, pero contrarias a la legislación actual.

En la estructura profesional y académica actual pueden encontrarse ciertas semejanzas heredadas de la estructura gremial.

Muchos colegios profesionales actuales limitan el ejercicio de la profesión a cierto ámbito geográfico (por ejemplo, un médico de Madrid no puede ejercer en Murcia) y tratan de regular los precios y honorarios (hasta hace poco mediante listas de precios, que hoy se disimulan como precios recomendados, ya que está totalmente prohibida cualquier actuación en contra de la libre competencia).

Como antaño, los sindicatos suelen intervenir para fijar los salarios, horarios, categorías y competencias de los trabajadores. Y suele haber un sindicato por cada 'sector' de actividad.

Los aprendices de hoy

A continuación se exponen las diferencias y similitudes entre los antiguos contratos gremiales de aprendizaje y las variadas opciones actuales de aprender y practicar un oficio o profesión:

  • Para quien ya tiene un título académico y desea complementarlo con experiencia práctica: pasantes y practicantes.
  • Para adquirir experiencia en un entorno real de trabajo al tiempo que se estudia: aprendices.
  • Para adquirir conocimientos teóricos y prácticos: estudiantes.
  • Para quien busca trabajo sin tener experiencia ni titulación relacionada: ayudantes, mozos y peones.

Pasantes y practicantes

El contrato de trabajo en prácticas está pensado para facilitar una primera experiencia laboral relacionada con la formación ya recibida.

Sólo puede concertarse con menores de 30 años que estén en posesión de título universitario o de formación profesional de grado medio o superior o títulos oficialmente reconocidos como equivalentes. No pueden haber transcurrido más de cinco años desde la terminación de los estudios.

Aprendices

Aunque el contrato de aprendizaje mantiene el mismo nombre que hace siglos, su contenido ya no puede ser como el de entonces. Aún así, es fácil encontrar solicitudes en las que alguien se ofrece para 'aprender el oficio'. Y los hay que dicen estar dispuestos a hacerlo incluso sin remuneración, sólo a cambio de la formación recibida. Pero hay que tener en cuenta lo siguiente:

  1. Los contratos de aprendizaje en talleres, donde el aprendiz hace su trabajo a cambio de la formación que recibe son de hace siglos. Hoy en día, el aprendizaje sólo puede proporcionarlo quien tenga licencia como centro de enseñanza homologado. Y éste no suele ser el caso de los talleres ni de la mayoría de las empresas.

  2. Con las leyes actuales, para conseguir algo parecido al intercambio de trabajo por aprendizaje, hay que hacerlo a través de un centro de formación y elegir un programa formativo profesional con prácticas en empresa. Estas prácticas pueden realizarse al finalizar la formación teórica o simultáneamente con ella (lo que ahora se llama formación dual). Son las administraciones educativas las encargadas de firmar los convenios con las empresas donde los alumnos reciben la formación práctica.

  3. En cualquier caso, el periodo de trabajo o formación en prácticas debe ser remunerado de acuerdo con varios criterios recogidos por las normas educativas y laborales, que, en general, es una proporción del salario mínimo interprofesional (SMI) o del indicador público de rentas múltiples (IPREM).

  4. Este tipo de relación tiene una duración máxima de tres años y está limitada a los menores de 25 años (transitoriamente hasta 30 años). No puede realizarse a tiempo parcial y debe ser de un máximo de seis horas diarias en la empresa y el resto en el centro formativo.

  5. Existen algunas excepciones a lo anterior, autorizadas por el Ministerio de Empleo, que suelen establecerse como "regímenes transitorios" y que hay que consultar a través del Servicio Público de Empleo (www.sepe.es).

Así que para hacer prácticas o ganar experiencia en un taller, hay que estar matriculado en una escuela donde se esté recibiendo formación en actividades profesionales afines. Y debe ser dicha escuela la que firme el acuerdo de colaboración con el taller o empresa donde realizar las prácticas de aprendizaje.

 

Aprendices becados

Los actuales becarios son estudiantes o aprendices que reciben una ayuda económica para contribuir al coste de su formación. Distintas asociaciones, empresas, organismos e instituciones pueden ofrecer becas a estudiantes seleccionados.

Cuando la beca está orientada al aprendizaje en un centro laboral, se concede a cambio de la realización de ciertas tareas integradas en la actividad cotidiana de la empresa.

Estudiantes

Los estudios, teóricos o prácticos, se realizan a través de centros específicamente autorizados por la ley como universidades, centros de formación profesional, escuelas de oficios o academias privadas. Las distintas enseñanzas constituyen el sistema educativo.

Hay estudios oficiales y no oficiales. Mientras que los primeros están regulados por la ley, son reconocidos en todo el territorio nacional e incluso internacionalmente, y suelen ser de contenido más general, los estudios no oficiales no permiten presentarse a oposiciones en la administración pública, suelen concentrarse en diversas necesidades concretas del mercado laboral y son reconocidos y garantizados por las empresas e instituciones que los promueven.

Las enseñanzas no regladas culminan con la expedición de un diploma o certificado propio del centro que las imparte y son de duración, contenidos y horarios muy variables en función del curso y centro de formación, aunque algunos son de gran prestigio, calidad y utilidad. Los estudios no reglados forman parte del currículum personal y se tienen en cuenta en los procesos de Acreditación de Competencias, pero no son decisivos a la hora de elegir un itinerario formativo oficial.

Estudiantes becados

Los actuales becarios son estudiantes o aprendices que reciben una ayuda económica para contribuir al coste de su formación. Distintas asociaciones, empresas, organismos e instituciones pueden ofrecer becas a estudiantes seleccionados.

Cuando la beca está orientada al estudio en un centro académico, se concede a cambio de demostrar el interés y la capacidad para los estudios y suele estar condicionada a la obtención de buenas calificaciones.

Conferencias, seminarios y cursos

Hoy en día, cualquiera puede organizar una conferencia, curso, seminario, lección magistral, etc., teórico o práctico. La asistencia se considera, desde el punto de vista académico y laboral como enseñanza no reglada, sin reconocimiento oficial.

Ayudantes, mozos y peones

Las personas que no tienen ni formación ni experiencia especializada, o que no encuentran un trabajo relacionado con sus conocimientos y habilidades, se ofrecen como ayudantes o peones, dispuestos a colaborar en cualquier tipo de actividad para la que sólo se requiera buena disposición.

En determinados entornos de trabajo y en las empresas grandes puede haber cabida para algunos empleados que realicen un trabajo no especializado. Pero en un pequeño taller suele necesitarse gente que sepa hacer eficientemente los productos que se venden. En estos casos, el tipo de trabajo que suele requerirse, exige, casi siempre, un cierto nivel de experiencia y conocimientos.

Los oficiales y maestros de hoy

Los antiguos oficiales y maestros son similares a titulados actuales en formación profesional de grado superior trabajando por cuenta ajena o cuenta propia respectivamente.

Un trabajador por cuenta propia o empresario actual, sin titulación académica de grado superior en el campo en el que ejerce su actividad, no tiene equivalente en la estructura profesional medieval, puesto que esta situación era entonces imposible y estaba prohibida.

Hoy en día no suele ser obligatoria una titulación académica específica para ejercer muchos oficios, pero sí suele serlo para ejercer otro tipo de profesiones (ingenieros, médicos, abogados, etc.). Aún así, para ciertos oficios que pueden entrañar riesgos (electricistas, fontaneros, manipuladores de alimentos...), suele exigirse la realización de un cursillo o pasar un examen, que otorgan un carné o licencia profesional.

 

   


 

Ayúdanos a mejorar
Si encuentras errores en la información de estas páginas, te agradecemos que nos lo comuniques para poder corregirlos.